
Esta tarde conversaba con unos amigos en el blog de Yoani.
Son amigos que no hemos visto sino unos pocos en fotografías pero que por el contacto casi diario se han hecho entrañables, tanto, que cuando no se ve alguno se extraña.
Somos amigos lejanos que pensamos diferentes y de vez en cuando discutimos pero unidos por el amor a Cuba y las ansias de verla libre y feliz.
EL BOBO DE LA YUCA, MATAPIOJOS, LORI y LLA empezaron a escribir poesías que comentábamos hasta que El bobo de la yuca escribió una del Cucalambé, nuestro poeta campesino y como yo soy del campo recordé.
Empecé a recordar el poema del Cucalambé que más yo quiero: "Mi Hogar".
A medida que los versos y las estrofas venían a mi mente, un nudo crecía en mi garganta y una congoja se adueñaba de mi corazón.
Recordando y escribiendo las décimas, revivía instantes de mi niñez y recordé a mi casita campesina entre lomas, a mi río que bajaba manso de la sierra, a mi tierra y a mi patria.
Mis ojos se nublaron y vi mi casita, mis las lomas, el verde de mi campo, el azul de mi cielo, los colores de mi arcoiris, lo blanco de mis nubes y la fría y dulce agua de mi río.
Entonces lloré como una niña, profundo y sin consuelo, mientras preguntaba: Señor, ¿dónde están mi tierra, mi casa, mis lomas, el azul de mi cielo, lo blanco de mis nubes, el verde de mi campo, los colores de mi arcoiris y el agua dulce y fría de mi río?
¿Dónde están Señor?
A la orilla de un palmar
que baña el fértil Cornito
a la sombra de un caimito
tengo mi rústico hogar.
Esbelto como un pilar
domina montes y llanos,
el viento arruya los guanos
de su bien hecha cobija,
y esta habitación es hija
del ingenio y de mis manos.
Este es mi hogar, y aunque en él
no hay relucientes tesoros,
de plumas de tocororos
tengo en la puerta un dosel;
no luce aquí el oropel,
no brillan aquí diamantes,
pero hay en sus habitantes
hijos de raza cubana,
paz, contento, fe cristiana
y amor a los semejantes.
Cuando la tormenta ruge,
cuando llueve y cuando truena
ella resiste serena
del huracán el empuje.
Su cumbrera es de ocuje,
sus llaves son de baría,
sus viguetas de jatía
y de guamá sus horcones.
Hay pocas habitaciones
tan firmes como la mía.
Oh, mi hogar yo te saludo
yo te ensalzo y te bendigo
porque en ti seguro abrigo
hallar mi familia pudo.
Ojalá el destino crudo
me niegue golpes impíos
y que goze entre los míos
de vida apacible y larga
sin beber el agua amarga
de los extranjeros ríos.
Juan Cristóbal Nápoles Fajardo.
El Cucalambé.
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